jueves, 20 de octubre de 2016

"Quique" y "Mandita": una pareja de "otro mundo"

Los gritos lastimeros que profería opacaban, incluso, el algarabío de cientos. Eran miles los que marchaban al ritmo de tambores, arengas y ¡vivas!, pero sus exclamaciones retumbaban aún más fuerte cuando divisaba el paso de otras decenas de personas que eran catalogadas por los marchantes como “mirones”.

La fecha era especial pues se conmemoraba otro primero de mayo, el Día Internacional de los Trabajadores, ocasión en la que se recuerda a los “Mártires de Chicago”, quienes fueron ejecutados al participar en las marchas que se llevaron a cabo el primero de mayo de 1886 y que reclamaban jornadas justas de trabajo.

París, 1889: el Congreso Obrero Socialista declara que en rememoración de los caídos en Chicago, el primero de mayo será considerado un día en el que la clase trabajadora celebrará su lucha.

Bogotá, 1° de mayo de 2016: Amanda Richeze, una arquitecta graduada de la Universidad La Gran Colombia, grita desesperadamente en medio de las marchas. Pero no reclama seguridad social ni pensiones justas, ella declara que: “Dios no existe, los que sí existen son los grises, los reptilianos y los azules.

Junto a su esposo, Enrique Rodríguez, un hombre alto, con barba larga y blanca, vestido con un atuendo blanco, parecido a una bata de hospital, quien sostiene un pendón que informa a los transeúntes, esta vez marchantes, que “los creadores de la raza humana habitan en galaxias que no han sido descubiertas”, ella, Amanda, rasga su garganta para llamar la atención de quienes pasan.

Yo creía en la creación, en que hay un dios que nos mira desde arriba… Después me fui a vivir a Alemania y aprendí a abrir mi mente y a conectarme con los seres de luz que nos rodean. Yo no digo que no haya un dios, yo lo que digo es que no es el que nos ha enseñado la iglesia católica”, declara “Mandita”, como le dice su esposo “Quique”, con firmeza en su voz maltratada pero con una convicción que reafirma su ceño fruncido.

Uno de los marchantes, vestido de negro, con gafas negras, gorra roja, empuñando un cartel de la CGT (Confederación General del Trabajo), de caminar lento pero con postura erguida, altiva, se acercó a Amanda. En un intercambio de opiniones, el hombre le instó a callarse y marchar por sus derechos. “Mandita” y “Quique” replicaron con una sonrisa en la boca: “usted es el que debería dejar de creer en pendejadas… Llegue a la plaza a ver si el Presidente le hace caso.”

Y es que al parecer ni las marchas ni las protestas han sido efectivas. Durante el gobierno Santos ha habido 13 paros: tres judiciales, tres de camioneros, uno estudiantil, uno de cafeteros, uno de mineros, uno de la salud, uno de los maestros, uno cívico nacional y el ya recordado paro agrario, que al parecer no existió para los inquilinos actuales de la Casa de Nariño.

Por eso “Quique” y yo dejamos de trabajar… No queríamos que los políticos se quedaran con la plata que nos quitaban del sueldo”, declara “Mandita”. Esta pareja dejó de laborar hace 7 años, en primer lugar porque, según ellos, se dieron cuenta del engaño de la religión y en segundo lugar, porque, también según ellos, los gobiernos son manejados por “los grises, que pertenecen a una de las jerarquías más altas de alienígenas.”

Y mientras miles caminaban con destino a la Plaza de Bolívar en Bogotá, ejerciendo su derecho a protestar y exigiendo mejoras salariales, pensionales y en la calidad de vida de los trabajadores, Amanda y Enrique no cesaban en su intento de igualar el ruido de los megáfonos, para exigir también respeto por sus creencias y su forma de pensar.

El artículo 19 de la Constitución de Colombia, proclamada en 1991, reza: “se garantiza la libertad de cultos.” En el artículo 25 se lee: “el trabajo es un derecho y una obligación social…” Así como estos dos artículos se encuentran en un solo libro, Amanda, Enrique y todos quienes marcharon se encontraron en el centro político de la nación, exigiendo, cada uno desde su tribuna, garantías para un mejor vivir.

Yo, ni voy a dejar de hacer esto ni voy a dejar a “Mandita”. Creo que primero nos invaden los grises. Mientras tanto seguiremos vendiendo productos naturales, sin pagarle ni mierda al Estado” sentencia “Quique”.


Felipe La Serna

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La "culebrilla" del sufrimiento

La poesía trágica del escritor griego Eurípides se queda corta para describir semejante sufrimiento. En una de esas jugadas irónicas del destino, Eurípides está postrado en una cama, sin poderse mover y soportando un dolor indecible. No el griego, por supuesto, pero sí el pachuno, el colombiano.

Eurípides Gómez nació en el municipio de Pacho, Cundinamarca, hace 67 años y como es común entre los niños sufrió de varicela. Nunca imaginó que esa “inofensiva” enfermedad le ocasionaría un dolor que es comparado al de un parto o al producido por el cáncer.

A mi papá le dio culebrilla” dice con voz entre cortada Patricia Gómez, su hija. “Es como si tuviera una quemadura en las costillas… Como si se las hubiera fracturado”. Después de toda una vida dedicada a sembrar y comercializar productos, hoy “el pastor Gómez” debe estar casi inmóvil todo el día.

Su jornada empezaba cerca de las 3 am y terminaba alrededor de las 7 pm. La constante siempre fue el trabajo duro y la perseverancia. Pero desde hace un par de meses todo cambió. Eurípides mostró síntomas inequívocos de Herpes Zóster, enfermedad que comúnmente es conocida como “culebrilla”.

Esta dolencia produce llagas en la cintura o en la cara y además viene acompañada de fatiga, anorexia, depresión, pérdida de peso y aislamiento social. Es producida por el mismo virus de la varicela que se queda en el cuerpo y se reactiva, especialmente, en personas mayores de 50 años.

Eurípides, un hombre delgado, con algo de cabello blanco, calvicie predominante, voz afable, un cierto parecido a Clint Eastwood y un sentido del humor característico, se aferra a su fe en Dios. Hace 30 años se graduó del seminario bíblico y se convirtió en pastor.

Hay que seguir pidiéndole a Dios para que me haga entender por qué pasan estas cosas” declara el hoy maltrecho ministro con voz casi inaudible, pues el dolor no le permite hablar con normalidad.

A raíz del aumento inusual en el número de casos de esta enfermedad, la Cruz Roja Colombiana lanzó una campaña llamada “¡Soy adulto responsable, por eso me vacuno contra la culebrilla!”, que cobra gran importancia si se tiene en cuenta que el 95% de las personas que hayan adquirido varicela pueden desarrollar este tipo de dolencia.

El hombre activo y vigoroso que trabaja incansablemente, que le “predica la palabra de Dios a cualquiera”, que ama entrañablemente a su pueblo al que llama “la tierra prometida”, se encuentra inactivo, en una ciudad caótica y soportando el hecho de que sus hijos tengan que hacer casi todo por él.

Esta situación hace parte de las consecuencias que produce el mal que lo aqueja y que amenaza a cerca de 250.000 personas en la ciudad de Bogotá, pues se encuentran en el rango de los 50 años de edad o más, lo que los hace vulnerables.

Sin embargo, uno de los insumos que podría usar Eurípides, el escritor griego especialista en poesía trágica, es el drama familiar. Patricia, Samuel, Lady y Arley, los herederos Gómez, han vivido dos meses de zozobra y angustia. “Un día estaba hablando con mi esposo y le dije que no podía más… Mi empresa, la casa, mi padre… Y simplemente me desmayé. No pude más, me quebré” narra Patricia.

El doctor Pedro Redondo Bellón, dermatólogo y especialista en el tratamiento de este mal asegura que “la enfermedad debe ser tratada con paciencia, tanto del enfermo como de los familiares. El dolor puede estar presente por meses e incluso años. Si se trata oportunamente no hay mayor riesgo, pero puede estar ahí por un largo periodo de tiempo”.

Yo ahora a todo el que veo le digo: - vacúnese contra la culebrilla -, porque después de ver lo que le está haciendo a mi papá… mejor dicho…” dice con una risa que denota nerviosismo, Lady Gómez, otra hija del “pastor Gómez” quien frota sus manos y peina su pelo largo y castaño mientras suspira y casi solloza.

Aunque la racionalidad que impulsó el poeta griego en la antigüedad apunta a encontrar la respuesta cierta y comprobable a cada situación, a veces también usa el recurso de la mitología y de la resolución antinatural a un conflicto, como dragones y bestias enviadas por los dioses para salvar a un personaje.

Eurípides Gómez, el aún pujante agricultor y “pescador de hombres” deja de lado la primera opción y favorita de su tocayo griego, pues para él la racionalidad debe pasar por el filtro de la biblia. Más cercana a su forma de ver el mundo es la segunda, tal vez la más odiada por su homónimo heleno, debido a su firme convicción de que Dios “tiene todo bajo control”.

La Guerra del Peloponeso, un conflicto en la antigua Grecia que data del año 400 a.C. entre Atenas y Esparta, probó que la escuela conservadora griega que procuraba dar espacio a las deidades y respetarlas falló.

La guerra de Eurípides Gómez contra el Herpes Zóster aún se está librando en un campo de batalla más amplio de lo que a simple vista se ve. Su cuerpo es el lugar en donde el ejército de medicamentos libra una guerra sin cuartel en contra de un virus y sus batallones escondidos en las vesículas. Este combate trae sus frutos: algunos días de mejoría. Pero la guerra sigue y vienen los días malos.

Las mentes de sus hijos y familiares son un campo de tiro bombardeado por ideas, pensamientos, voces y conjeturas que libran su propio conflicto el cual, sin embargo, hace parte de la misma guerra.

Sólo el tiempo dirá entonces si las consecuencias de la Guerra del Peloponeso como el destrozo de tabúes religiosos y culturales se repiten al final de esta guerra o, probablemente, sean los dioses y la fe los vencedores.

Tal vez el Dios de Eurípides Gómez, el pastor, el agricultor, el pachuno, envíe a uno de sus dragones y acabe con este mal. Tal vez la razón de Eurípides, el escritor, el poeta, el griego, gane la partida por medio del tratamiento y los medicamentos.


Felipe La Serna

sábado, 19 de septiembre de 2015

NI SEXO, NI DROGAS... ¡SÓLO ROCK N' ROLL!

Como hacer rock en Colombia y no morir en el intento

“Quieran mucho a sus papás; si no tienen a sus papás, quieran mucho a sus hermanos; si no tienen a sus hermanos, a sus amigos y así sucesivamente, porque esas son las personas que están con uno hasta el final”. Estas podrían ser las palabras de una mamá o un papá en medio de alguna discusión con sus hijos; o quizás el mensaje de un cura al final de su sermón; incluso podría ser el colofón de alguna clase impartida a individuos pertenecientes a “esta generación de hoy”. Pero no. No proceden ni de un sacerdote, ni de un profesor, ni de un padre de familia. Estas palabras provienen de un rockero… ¡y todos sabemos que los rockeros no dicen estas cosas!, ¿o sí?  ¡Pues esta vez sí! y plantean el espíritu de un diálogo íntimo, afable, que desnuda la personalidad de un hombre que inspira respeto pero también cercanía. 

Él es James, no como James el futbolista, más bien en inglés (yeims), bajista de una de las agrupaciones de rock más importantes de estos tiempos en Colombia: Don Tetto.

El día que esta conversación sucedió era muy soleado. Cuando el reloj marcaba las 2:30 p.m. crucé el umbral de las salas de ensayo llamadas “El Toke”, propiedad de los miembros de Don Tetto, negocio que se deriva de su exitosa carrera musical hasta ahora. La cita, sin embargo, era a las 3:00 p.m. Aprovecho para leer mis notas, los datos que conseguí y la historia oficial que ronda algunas páginas de la internet. De repente y para mi sorpresa, James aparece en la sala de estar. Sus casi dos metros de altura son intimidantes, pero al saludarme y decirme que está dispuesto a regalarme el tiempo que yo desee, la altura pasa a un segundo plano.

Entramos a la sala B, una de las más pequeñas del lugar. Nos rodean amplificadores, micrófonos, una batería y demás implementos necesarios para tener un buen ensayo. James se sienta en un sofá que parece muy cómodo. Lleva una camiseta blanca que deja ver los tatuajes en sus brazos; también viste unos jeans negros y tenis deportivos. Es la típica imagen del músico de rock, no obstante, al transcurrir el tiempo y la sucesión de preguntas y respuestas me sorprenden tanto su actitud como su humildad, características que distan del estereotipo impuesto a quienes tocan rock.




Mi primera impresión al estar sentado frente a él, al preparar mis notas y los dispositivos electrónicos, es la de un hombre serio y hasta frío. No me intimido. Comienzo a preguntarle cosas y a medida que me responde, a veces con respuestas fabricadas para los medios y otras veces muy sinceras, se devela una personalidad simpática, cálida y una forma de pensar muy responsable, inteligente, centrada y humilde. Y es que humildad puede ser la palabra más adecuada para describir a James.

La primera parte de mi cuestionario intenta obtener de él respuestas, al menos distintas, acerca de la trayectoria de la agrupación, pero también tiene la pretensión de despojarle capa por capa de esas actitudes prefabricadas que, seguramente, se van construyendo a medida que pasan los años y la responsabilidad de responder las mismas preguntas se hace tediosa. Mi cometido se logra parcialmente pues aunque siempre se refiere a “nosotros”, “nuestro” o “todos” en cada respuesta, en ocasiones logro algo de información personal.

Me hace saber que su pasión por la música nace cuando se acercaba a los 14 años y que al lado del deporte, han sido su vida durante estos 31 calendarios sobre el planeta. Al recordar los primeros conciertos en los que acompañó a Don Tetto, se dibuja una sonrisa en su rostro y sus ojos brillan: “mucha gente no lo creerá pero mi segundo concierto fue en un asado”. Seguramente en medio de instrumentos, carne asada, chunchullo y bofe, no imaginaba que ya en su tercer concierto tendría que enfrentar a 30.000 personas y que la noticia, que aún hoy recuerda con cariño, confirmándolos como parte del cartel oficial del festival Rock Al Parque de 2007 lo haría temblar. Pero este privilegio no se quedó en una gran oportunidad de mostrarse ante un público numeroso sino que se convirtió en el combustible para seguir luchando por sus sueños.

En el mundo frívolo y vacío en el que vivimos, la idea de perseguir o luchar por nuestros sueños se ha vuelto cliché y le sirve a la mayoría de artistas como ardid para escapar de la muy trillada pregunta final: “¿cuál es el mensaje para los jóvenes que vienen detrás de ustedes?” Muy firmes dicen: “luchen por sus sueños”. Pero tener al frente a una persona que ha vivido en carne propia lo que esta idea implica, trastoca de alguna manera el sentido de la misma afirmación. ¿De dónde viene entonces la firmeza con la que declara esto? Gesticulando con sus manos cada palabra que dice, James reconoce el papel de sus padres en todo este proceso. “Nuestros padres nos inculcaron muchos valores, mucha humildad (…) me enseñaron que hay que agradecer por todo lo que se tiene”. Su familia ha sido pieza fundamental en el proceso de construir al ser humano que es hoy y lo ha impulsado a, precisamente, luchar por sus sueños.





James engrosa con mucho orgullo la interminable lista de músicos empíricos que han logrado hacerse de un nombre dentro de la industria musical.

Tal vez por eso junto con Diego, Jaime y Carlos, sus “parceros”, crearon las salas de ensayo en las que se desarrolló esta tertulia. Les mueve el corazón poder ayudar a músicos que no tienen herramientas aptas para desarrollar su arte. Recuerda que cuando la banda comenzó no tenían elementos suficientes, por esta razón, “El Toke” es a los músicos lo que el hijo con un potencial inmenso es al frustrado padre que no logró lo que su hijo puede llegar a alcanzar.

Siendo el rock un género musical que proviene de otros países, es sorprendente como nuestro personaje siente un gran orgullo de representar a Colombia, su país, a través de lo que hace: buen rock. Pero no solamente eso, también recalca la honestidad de cada uno de los integrantes con respecto a sus roles en la banda y a sus vidas privadas. La honestidad e integridad vienen a ser pilares y estandartes de Don Tetto, conclusión a la que llegué después de, no solo hablar con James por más o menos una hora, pero también de verlo y experimentarlo por mí mismo. Y entonces… ¿qué pasa aquí? ¿No son rockeros? ¿El rock no se trata de sexo, drogas y rock n’ roll?

Lo que encontré a través de James es casi todo lo contrario. Responsabilidad, trabajo duro, humildad, honestidad, transparencia, disciplina, entre muchas otras, son cualidades que salen a relucir cuando cuestiono la manera en que la radio y los sellos disqueros manejan la industria musical. Así que llegué al tema que me intrigaba más que muchos otros, la “payola”. Se trata de entregar dinero a programadores, directores de emisora y/o manejadores para que ciertas canciones y ciertos artistas sean más promocionados que otros. El rostro de nuestro bajista cambia radicalmente, así como radical es en sus ideas. Declara vehementemente que ni su banda ni ninguna persona relacionada con ella ha tenido que ver con esa clase de conducta; “eso corresponde a la integridad y honestidad de los programadores”.

Llega el momento que estuve esperando. Después de casi una hora de respuestas sólidas y bien estructuradas, vino el punto en el que esa fluidez se vio cortada por un momento. Le pregunto: “¿el músico nace o se hace?” Por un momento agacha su cabeza, frota sus manos, muerde sus labios y murmura: “el músico nace o se hace…”. Finalmente llega a la conclusión de que el músico nace y se hace. Creo que toma su vida misma como ejemplo y se proyecta en su respuesta. Me explica que así una persona tenga el talento pero no lo desarrolla o cultiva, entonces no habrá resultados en ese aspecto.




Nuestro diálogo se acerca inevitablemente al final. Después de haber hablado de lo divino y lo humano, sólo me queda averiguar sobre los mayores desafíos que ha tenido que vivir en este camino que lleva consigo alegrías y tristezas. Sin dudarlo y con mucha firmeza, pero con un dejo de resignación también, dice que “el mayor desafío es hacer rock en Colombia”. Es incluso mayor que haberse resignado a tocar el bajo en Don Tetto porque era el “puesto que quedaba” pero que por amor a la música toma y desarrolla hasta lograr que los periodistas digamos: “el resto es historia”.

Así como amar y perdonar, para James y Don Tetto hacer rock es una decisión diaria.

Nuestra conversación termina. Mi cerebro está en shock. James está agradecido y me desea lo mejor en lo que sea que vaya a hacer con esta información. Yo trato de digerir lo que acaba de suceder. Un rockero que tiene pinta de rockero, que hace música de rockero, que se mueve y expresa como rockero, es un profesional íntegro y responsable. Quizá soy víctima de los prejuicios, lo cual es irónico pues yo mismo me considero un “rocker” y aun así también suelo propender por ser un buen ciudadano. Sin embargo la envergadura de la historia que Don Tetto está construyendo lo hace a uno pensar en si todos los reconocimientos y logros hacen mella en los egos de sus integrantes. ¡Señores! ¡Pues no!


Salgo de aquel lugar sintiendo un profundo respeto por nuestro personaje y por su banda. Decido que mucho de lo que él dijo será útil en mi propio camino y lo guardo en mi disco duro gris. Me alejo de la casa, pero sé que cuando regrese no veré las salas como simples lugares de ensayo sino como templos del arte, en los que se esculpen la personalidad de los artistas.


Felipe La Serna

DE LOS ENTORNOS



(Basado en el libro de Javier Echeverría - Los Señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno)


Más allá de las diferentes teorías o creencias acerca del origen de la vida y su desarrollo en el planeta, el ser humano se desenvuelve e interactúa en diferentes niveles; según el medio en el que se desarrolle su quehacer cotidiano, las interacciones con otros o con sí mismo pueden ser enmarcadas dentro de diferentes características que conforman, según Echeverría, entornos que provienen desde la misma esencia del ser hasta lo producido por éste. De esta manera podemos hablar de tres entornos y a veces hasta cuatro, dependiendo del enfoque propio o del externo.

El primer entorno se enmarca en la naturaleza, en el yo como una conjunción de pensamientos, emociones, razonamientos junto con un cuerpo físico que también media, pero también de todo lo que proviene de la naturaleza, es decir, lo que existe sin injerencia humana.

Para ilustrar esta reflexión sigamos a Noubari, un ciudadano común de una metrópoli cualquiera. Se levanta temprano en la mañana y se dirige a la ducha. Ese momento de intimidad, de hablar consigo mismo, de filosofar, de tratar de responder a las cuestiones infinitas (relacionándose quizá con el entorno 0 que según el autor se circunscribe a las deidades, a lo etéreo), de sentir su desnudez, el agua cayendo sobre él, las formas y texturas de su cuerpo al enjabonarse, acto aparentemente mecánico, es el intervalo en el que nuestro personaje toma contacto con su primer entorno. Es además la muestra de la adaptación de éste al discurso social en el que si alguien no se baña es un desaliñado.

Javier Echeverría explica los alcances de un segundo entorno y lo delimita a lo urbano en conjunción con el primero. Si el cuerpo de Noubari y todo lo que en él hay es el primer entorno, entonces el segundo comienza por las cosas que pueden cubrir ese límite primario: la ropa, las gafas, los tatuajes, entre otros, así como la forma de interactuar con otros, es decir, las relaciones en las que expresa y proyecta esa introspección antes descrita.

Luego de ese momento casi etéreo en la ducha, Noubari cubre su cuerpo con ropa y accesorios; como lo hace todos los días, toma el transporte público urbano para desplazarse a su destino. Allí, se entrecruza con cientos de personas que se relacionan entre sí por medio del lenguaje, de gestos e incluso del roce unos con otros. Todos ellos confluyen en el mismo sitio: un vehículo hecho por el hombre que interviene su ambiente, sirve para transportarse y hace parte de una cultura a la que podemos llamar nación. Este tipo de reciprocidad, que a veces es involuntaria, emerge como el segundo entorno.

Por último tenemos el tercer entorno, un poco más volátil y fluido pues se ciñe a una interrelación que aunque es real, también se sabe lejana. Debemos entonces incluir a la tecnología pues su existencia y desarrollo se da por y a través de ésta. En este “universo paralelo” se pueden establecer relaciones sin importar que los actores se encuentren en puntos distantes, es decir que aquí no es necesaria la proximidad para crear el entorno.

Noubari, en medio del caos que supone el transporte público de una metrópoli en la mañana, tiene la oportunidad de abstraerse y de olvidar por unos minutos su agobiante viaje hasta su destino. Sólo necesita un aparato que hoy conocemos como Smartphone. A través de éste, “Nou” puede comunicarse con sus amigos por medio de textos, mensajes de voz o publicaciones en sus redes sociales, que de paso permiten crear alter egos desconocidos por los demás. Pero no solamente interactúa con personas, también lee las versiones online de los periódicos, escucha música vía Spotify, vee videos en YouTube y finalmente llama a su novia para dejarle saber que todo está bien. Finalmente Noubari ha alcanzado el tercer entorno.

El autor, Javier Echeverría, hace mención de cuatro tesis presentadas por Ortega y Gasset en su obra “Meditación de la Técnica” las cuales ilustraremos aquí.

La primera tesis, en pocas palabras, se refiere a que el hombre transforma su entorno según sus necesidades e interacciona con él, sin embargo su fin no es satisfacer sus insuficiencias sino más bien minimizar su esfuerzo para compensarlas.

Acudiremos de nuevo a Noubari. Como todo ser humano él tiene la necesidad de comunicarse y para ello utiliza ciertos medios que le da la tecnología hoy en día. ¿Su Smartphone? La puerta a ese universo; es una creación del hombre que se actualiza diariamente y gracias a ello, la interacción, no solamente con sus congéneres sino con los millones de portales de información de diferente índole se hace mucho más fácil.

La segunda tesis habla del bienestar. El hombre, más allá de querer estar en este mundo, quiere estar BIEN en este mundo lo que significa que busca su bienestar por encima de todo.

Al salir de vuelta a casa, Noubari encuentra una sobre oferta de opciones para satisfacer las necesidades que fueron creadas en su imaginario. “Sólo te sentirás bien si tienes el celular con las más alta tecnología” o “si usted viviera aquí ya estaría en casa”. El hombre ha transformado su entorno de manera que se enfoca en sentirse bien, no con las características del primer entorno que se limita a lo natural, sino con una buena dosis de hedonismo. Por esta razón, Noubari busca los letreros que anuncien lujos, comida, belleza y por supuesto tecnología. “Esto me hará la vida más fácil” piensa.

Ahora, si bien la segunda tesis habla de cómo el ser humano quiere sentirse bien en su realidad, la tercera nos dice que el interés del hombre se centra en lo superfluo o artificial.

Es por esto que Noubari ahorra todo el dinero que puede hasta a veces no alimentarse bien pues su objetivo es poseer los últimos gadgets, ropa y accesorios de marca. De la misma manera lo hará cuando sus aparatos de última tecnología se vuelvan obsoletos y tenga que reemplazarlos. Así seguirá el patrón de la producción y consumo de lo superfluo.

Finalmente, la última tesis nos habla de la creación de necesidades a partir de lo superfluo. Ya no basta con satisfacer una necesidad, minimizar la reaparición de ésta y el hedonismo, ahora es necesario que a partir de conjeturas triviales se erijan necesidades que el ser humano tenga que compensar con una urgencia de obligatoriedad.

Noubari, después de un largo día por fin llega a casa, muy contento por haber adquirido los elementos que le darán muchas satisfacciones frente a sus pares. Sin embargo, al encender el televisor se da cuenta de que todo aquello que adquirió va a quedar obsoleto en un par de meses, pero además la empresa que fabricó su celular anunció que pondrá en el mercado unos lentes para tomar mejores fotografías y, por supuesto, si los usuarios de dicho aparato no los tienen, simplemente están OUT.


La historia comienza otra vez. Noubari va a la cama pensando en que ahora tener los lentes y actualizar sus aparatos electrónicos es una necesidad. Se levantará, se duchará, tomará el transporte público, usará su dispositivo (que considerará arcaico) y trabajará para “actualizarse”.


Felipe La Serna

martes, 14 de abril de 2015

YO MANIPULO, TU PERSUADES



ENSAYO

YO MANIPULO, TU PERSUADES


INTRODUCCIÓN

Persuasión puede ser el perfecto nombre para un perfume, una película e incluso una excusa para vender cursos de inglés ilusorios para que al final no digamos “persueichon” sino “parsueishon”. En efecto, no solamente el término mismo es atrayente sino que su significado denota cierta sensualidad sin importar el tema que se esté tratando. Aquí, en este escrito, hemos de explorar cuán lejos podemos llegar usando el vocablo en mención pero potenciado por toda una estantería teórica que tendrá resultados a veces inesperados para el ojo común, pero que es de una importancia inmensa, al cruzar verticalmente todos los estamentos de la sociedad teniendo como origen un mensaje que se emite y que puede afectarla positiva o negativamente.

PLANTEAMIENTO

                Según Mauro Wolf (1994), hay una interacción dinámica entre la sociedad y los medios de comunicación masivos que hay que estudiar. Anteriormente, el estudio se centraba únicamente en como los medios persuadían a los receptores de un mensaje y como esa estrategia trataba de generar un efecto en aquellos que recibían una información determinada, sin embargo, a medida que la misma sociedad evoluciona a la par de su avance tecnológico y del saber, las teorías que enmarcan la comunicación de masas también mutan y evolucionan, pues a raíz de este mismo progreso algunas quedan reevaluadas y otras deben ser reajustadas. Es por esta razón que el foco de la investigación de esa sinergia creada por emisor, receptor, mensaje, medios, interacción, resultado, ya no está en los efectos de la misma o las estrategias para llamar la atención de quien escucha, ve o lee, conceptos de los que habla Harold Lasswell (1935) en su Teoría Hipodérmica, sino que se traslada a un planteamiento sobre cuál es la función de los medios de comunicación de masas incrustados en medio de la humanidad.

De acuerdo a esto y según Talcott Parsons (1967), “los seres humanos aparecen como ‘drogados culturales’ impulsados a actuar según el estímulo de valores culturales interiorizados que regulan su actividad”, lo que se traduce en un constante bombardeo de persuasiones provenientes de los medios apelando a los conceptos culturales de la sociedad, ya sean pre concebidos, aprendidos o adquiridos que, a la postre, generarán un reacción codificada por éstos. Ejemplificando, podemos decir que en la sociedad, especialmente la occidental, se han establecido unos estereotipos creados por la publicidad que se implantaron como verdades en la cultura del oeste, como por ejemplo la idea del estatus. Si un miembro de una comunidad desea ser tenido en cuenta por otros pares cree que es necesario adquirir elementos que lo eleven allí, de esta manera se sentirá obligado a hacer lo que se requiera incluso en detrimento de su formación intelectual, al exterminar recursos que podrían solventar ese otro estereotipo llamado educación en comportamientos fatuos que al final traerán una satisfacción momentánea, la cual se extinguirá al recibir el siguiente bombardeo y se estimulen de nuevo sus valores culturales clónicos.

Hablamos entonces de una Teoría Funcionalista que como bien recuenta el profesor Carlos Arturo Monje (2007), se rige por “cuatro (…) imperativos funcionales” que toda sociedad debe sobrellevar, comenzando por la socialización de modelos culturales que son asimilados por los individuos y que guiarán el comportamiento de éstos; la adaptación de la sociedad  al propio ambiente y a otros; la persecución de finalidades que como grupo social hay que alcanzar para la supervivencia del mismo y, finalmente, la integración por la que la colectividad debe propender para evitar su disolución por lo que necesariamente debe encontrar mecanismos para lograrlo.

El papel de los medios de comunicación de masas se puede advertir en cada uno de los imperativos funcionales; se saben funcionales si y sólo si de alguna manera y por medio de su intervención ayudan, impulsan, corroboran y/o refuerzan los esquemas que lleven a la consecución de las metas que cada uno de éstos persigue, en otras palabras, logran que las necesidades que los imperativos pretenden cubrir sean satisfechas.

Ahora bien. El profesor Alejandro Martínez (2013) en su explicación del tema que nos compromete en este escrito, declara que “la necesidad de satisfacer los requerimientos básicos de subsistencia trae aparejada la necesidad de comunicación, lo que conlleva a la unión de los hombres” premisa que es común en la gran mayoría de autores que disertan acerca de este tema.


Si bien es cierto que la sociedad y la comunicación tienen un origen común y que seguramente la una no se concibe sin la otra, pero además que como una consecuencia lógica de la agrupación de individuos nacen necesidades como la de permanecer y trascender, sumado esto al menester de articular pensamientos con sus similares lo cual inevitablemente lleva a una interacción entre los miembros de la sociedad, NO significa esto entonces que exista una verdadera unión entre ellos. Más bien crea una convivencia forzada entre los individuos quienes buscan suplir necesidades inherentes a la mayoría de seres vivos de agrupación, compañerismo y, en el caso de los humanos, afecto, pero que además son afectados positiva o negativamente por los medios de comunicación que nacen a partir de esa necesidad de interactuar como emisor o como receptor y que moldea e implanta los ya mencionados valores culturales. Estos valores no son los mismos en todas partes y no se reciben de la misma manera y aunque se pretenda insinuar que la necesidad de comunicarnos nos une como humanidad, esta afirmación resulta minimalista y no toma en cuenta otros factores fundamentales, por esta razón, es más indicado hablar de una coexistencia basada en la búsqueda del beneficio, ya sea de una comunidad o propio, que sin embargo no es un factor unificador.


Según Martínez (2013), los sistemas sociales no pueden ser analizados desde un punto de vista estático porque las masas requieren algunas estructuras complejas, por lo cual los medios deben dirigirse a diferentes tipos de público y la relación entre el emisor y el receptor es impersonal. Estas deducciones sirven como puntos de referencia que demuestran que a pesar de que los imperativos funcionales son comunes a toda la sociedad, hay escenarios que hacen imposible una homogeneidad absoluta y que más allá de la mera necesidad de subsistencia, existen brechas que hacen difícil que el concepto de unión sea real.

La necesidad de comunicar nos une como especie, no obstante, si tomamos variables básicas como el nivel de escolaridad, el idioma, la cultura y algunas otras más complejas como las intenciones, las ambiciones y las ideologías, la idea de subsistencia va a ser diferente o inexistente por causa de prácticamente cada elemento que nos separa: raza, religión, convicciones, etc., condiciones que van necesariamente a cambiar el concepto de lo que se necesita. Sumado a esta situación, hay que considerar que debido a este cambio de prioridades las necesidades comunicativas también van a variar, desde advertir estados de ánimo, sentimientos o quejas hasta incluso el silencio absoluto, válido también como una expresión; entonces, el origen y consecuencia de estos requerimientos necesariamente causan un translocación en la manera en que se concibe la necesidad de comunicación, algo que finalmente afectará al modelo y resultará en, por lo menos, una variación o derivación de la teoría original.

Al respecto también podemos indicar que la motivación para consumir los productos de medios de comunicación de masas “no implican ninguna orientación respecto a la fuente representada por el emisor, sino que sólo tienen significado en el mundo individual del sujeto que forma parte del público” (McQuail - 1975). Podemos decir que uno de los grandes objetivos de los medios es masificar a la mayor porción de sociedad posible, pero siempre se presentará una “anomalía” debido a la desigualdad en las variables y elementos que hemos mencionado anteriormente, lo que puede causar un efecto de replicación y convertirse en el propio antagonista o excepción, si se quiere, de la premisa inicial.

Finalmente, debemos hablar también de la Teoría Hipodérmica la cual parece estar presente en cualquier dirección hacia donde miremos y para ello el término más adecuado a usar es manipulación. Simplemente, se nos habla de cómo a través de estrategias propagandísticas se logra la manipulación de todo un colectivo y se logra una mediación efectiva, es decir, quien dice qué, a quien se le dice, por que medio y con que efecto. Es claro y tangible el efecto que dicha manipulación genera sobre toda una sociedad, sin importar clases o religión, escolaridad o posición política, ya que por medio de esa propaganda se masifica el grupo social y la manipulación se hace efectiva mucho más fácilmente. Es más posible unificar toda una sociedad heterogénea basándonos en una masificación que lleva a la manipulación, pues en términos de Lasswell (1935), la mediación es menos traumática y más fácil de llevar a la práctica gracias a la pasividad del receptor que no reacciona sino que se queda estático.

Esto último genera un efecto narcotizante que produce apatía general con respecto a su situación y a lo que ocurre a su alrededor y que es mucho más susceptible de replicar pero que le entrega credibilidad al emisor de los mensajes. Es decir que el receptor seguirá un patrón: buscará al emisor del estímulo que le agrada, que es la forma en que gran parte de los medios funcionan lo que lleva a la mayoría de la sociedad a un “adormecimiento cultural”, dejándola a merced de la manipulación y de la inducción de cualquier tipo de mensaje que sin importar su contenido, después de un tiempo se interpretará como verdadero. Por esta razón, incluso dentro de su simplicidad, el colectivo masificado y manipulado se convierte en un grupo mucho más homogéneo y se puede decir que es el elemento que lo une realmente.

CONCLUSIÓN

Aunque dentro de las teorías funcionalista e hipodérmica se habla de una unión de la sociedad por causa de las necesidades de comunicación y de la necesidad de satisfacer unos imperativos, la primera simplifica y minimiza ciertos aspectos que la pueden afectar desde su misma esencia, por lo cual, a pesar de exponer la funcionalidad de los medios de comunicación masivos en la sociedad y cómo logran cumplir el cometido de impulsar soluciones que lleven a cubrir ciertas necesidades, se queda corta al limitar su rango de acción y su alcance. Es claro que para una verdadera unión alrededor de la necesidad de comunicarnos tendríamos que trabajar sobre una sociedad mucho más uniforme, que compartiera las mismas creencias, cultura y visión, de otra manera, habrá demasiados lugares vacíos que de alguna forma mostrarán algunas debilidades implícitas en las premisas que defiende dicha teoría.
                
Por otro lado, la Teoría Hipodérmica, un poco menos compleja pues se limita a la interacción entre un emisor y un receptor que crean una sinergia y da lugar a ciertos efectos, se amolda un poco más al concepto de unión, no tanto por la voluntad propia de uno u otro sino más bien por la búsqueda de un beneficio ya sea comercial, ideológico o de manipulación mental que a la postre obtiene un rédito específico. A través de los medios se masifica a un conjunto grande perteneciente a un grupo social, luego se le manipula dependiendo del objetivo trazado, se persuade para que finalmente podamos, ahora sí, pensar en funcionalidad. Sin embargo, también existe la disfuncionalidad, leída como anomalía, lo que conlleva a pensar que la uniformidad es virtualmente imposible. Por esta razón se acude a la comunicación de masas que buscan la gratificación de los mismos, así, el colectivo buscará a esos mismos emisores cada vez y el ciclo se repetirá.

                
Nos masifican, nos manipulan, nos persuaden y luego compramos cursos de inglés online para no decir “persueichon” sino “parsueishon”.


Felipe La Serna

viernes, 21 de febrero de 2014

MY MUSIC, MY FRIEND

Once it was said that music makes the world go ‘round. This premise has been proven right through the ages and it’ll transcend until the time lasts. All of us are related to music in some way, whether we like it or not. Even though music may not be an essential thing in your life, it’ll be present everywhere you go and you’ll have to cope with all the consequences it brings. You go to the movies: music’s there; you turn on your TV: it’s there; your cell phone rings up: guess what, that’s music. On the one hand, we can’t get away from it, but on the other hand, most of us don’t even want to escape from such a sublime art. Either way, no one could deny the power music holds and its numerous effects working on us.

But music is not only about sounds, rhythms or beats rumbling in your head. It all goes further still than that. The benefits this art brings to your intellectual performance surpass way beyond almost any other type of artistic expression, simply because your brain has to carry on multiple processes which can only be triggered by this blend of chords, lyrics, drum beats and mental landscapes that boosts brain's activity.

So, how could we get the best out of this information? Well, it all depends on the way you’re going to use it, however, music can help us to improve our fulfillment of every day’s chores. For instance: Let’s picture yourself going through an awful day thanks to traffic, public transportation, stressful teachers, bosses, mums, dads, girlfriends, boyfriends… .  Studies have shown that listening to your favorite music, with an already preconceived chill-out mindset, will create an input in your mind with this conviction attached to it so you can deal with any kind of situation in a soothing way and as a consequence, you begin to see everyone else the way your mood is: you’re happy, so are the others.

Some of us love feeling our bodies being shaken by the low-toned waves crashing against us produced by the bass guitar or any other type of instrument. What most of us ignore is the fact that every wave that comes out from the speakers has a deep impact in our bodies. It is proven that deep sounds at a low volume relax your muscles as well as high-pitched sounds will make you feel colder than what you really are. So, playing instrumental music, for example, in a mid-range volume is the most suitable way of enjoying it whilst studying or working. While listening to music in an average level, your brain will process abstract data faster and more accurately besides the increase in your creativity skills.

Among many more advantages, there’s a very special one: healing. This is not a fully developed theory yet, but it’s been used all around the globe with great success. It’s not that listening to Jay-Z or Beyoncé is going to make your sudden-scared illness to hit the road, instead, your favorite tunes, teamed up with the innate chemicals all over your body, sponsored by various commands coming out of your brain, are going to help out any type of medication or treatment you’re taking to make it work much easier and this my friends, is a fact.

As a closure and needless to say, whether music’s meaningful to you or not, it is a powerful tool you can use based on your own criteria. You can make it your closest friend or your worst enemy, although if you’ve been following this writing closely, you already know that music can’t be anyone’s foe but a great companion. Have you ever tried to play one of your favorite songs in your Ipad, mobile, MP3 player or whatever it is with your headphones on, eyes shut, closed-door room and do some air guitar or air drumming? You’ve got to do it. Let your brain and body but above all your soul, enjoy the benefits and joy of having music as one of your best fellas.


Written by: Felipe La Serna.

lunes, 29 de abril de 2013

Amor Verdadero (Crónica)


Permanentemente nos quejamos de las cosas malas que nos pasan en la vida. Y aunque muchas veces esta realidad se apodera de nosotros, todavía suceden esos milagros que uno no espera y que hacen que la esperanza se avive, reaparezca o simplemente nazca en nuestra alma.

Hace muchos años lo conocí. Fue difícil ver sus ojos por primera vez. Sólo pude darme cuenta de su fastuosidad tiempo después. Al principio no nos llevamos muy bien porque él estaba más interesado en conocer mi casa que en compartir conmigo, y yo entendí, pues no es fácil adaptarse a un nuevo lugar. Él venía de algún territorio que yo desconocía, así como inédito era el secreto que guardaba y que a la postre marcaría mi vida para siempre.

La coexistencia estuvo bien los primeros días, sin embargo todo empezó a cambiar y después de un par de semanas ya no era el mismo. Se le veía decaído y sin fuerzas. Era claro, el secreto había sido develado: estaba enfermo. A pesar de conocernos por tan poco tiempo ese sentimiento inherente de protección despertó en mí; lo tomé entre mis manos, le ayudé a caminar y nos dirigimos a ver al especialista. Nunca olvidaré esos minutos eternos en la sala de espera, rogando, esperando… Un personaje con bata y guantes, que resultó ser el doctor, con su ceño fruncido y expresión nada alentadora en su rostro se dirige a nosotros y nos comunica que la situación es grave. Me dice que posiblemente él muera pero que va a hacer todo lo posible por salvarlo, y claro, es en esos momentos cuando le echamos la culpa a Dios por lo malo. “¿Por qué?” le grité en mi mente.

Ya estabilizado pero en condición crítica lo llevé en mis brazos hasta su hogar, mi casa.

Con ese halo de angustia y resignación después de recibir tan devastadora noticia, traté de dormir pero fue imposible. Me levanto, camino hacia su cuarto, ruego que aún esté respirando. Allí está… Aún respira… Sus ojos se cruzan con los míos y me dicen que todo está bien. Aunque no nos conocemos mucho él sabe que estoy ahí para cuidarlo, por eso baja su cabeza y trata de dormir. Yo también. Día 1, día 2, día 3… Mejor, igual, peor, mejor…

Un par de semanas en la oscuridad dan paso a la luz. ¡Hemos triunfado! La enfermedad cedió, lo que le convirtió en uno de los muy pocos sobrevivientes a ese terrible mal. No recuerdo ni el nombre del doctor ni el nombre del establecimiento, pero sepa usted que mi agradecimiento es infinito, pues los próximos 13 años, aquellos que pasé junto a él, serían algunos de los más inusitados de toda mi vida.

Este catalizador potenció el amor entre los dos. De allí en adelante nos volvimos inseparables. Por fin pude apreciar sus ojos extraños en toda su dimensión: pupila azul, iris café, esa combinación que siempre me miró o con agradecimiento, acaso por cuidar de él días y noches enteros, o con lealtad y amor. Seríamos amigos, hermanos. Lo recuerdo en mis tristezas, pues allí estuvo él, así como en mis alegrías donde fue un protagonista relevante. Le conté cosas que aún nadie sabe; peleamos y me hirió, también me escuchó; lo golpeé y, creo que es hora de confesarlo, alguna vez lo besé en la boca.  Viajamos juntos, nadamos juntos, dormimos juntos y creo que lloramos juntos. Así por 13 estupendos años.

Pero todo tiene un final y esta historia también. Aunque él nunca se enfermó después de vencer a la muerte, y por años y años gozó de muy buena salud, el final de sus días fue muy doloroso. Una vez más estaba yo ahí, un poco más maduro, cuidándolo, mostrándole mi cariño y gratitud por su amistad. Aún en medio de su agonía me mostraba su amor. Y creo que por ese amor, por respeto a esa amistad entrañable de 13 años, decidí dejarlo ir, ya era el momento. Él ya me había dado todo lo que podía dar. Era tiempo de dejarlo descansar. Un abril, en la noche, agonizando en una camilla, le dije adiós para siempre. Él me miró por última vez y pude contemplar sus ojos sin igual para guardarlos en mi mente eternamente.

Llego a mi casa. Él ya no está. No lloré en el hospital, pero no pude evitarlo al ver su cama, su comida. Incluso su olor era más fuerte. Hace 8 años murió Lukas, mi perro. El mejor amigo que he tenido. Sobrevivió a la infamia de unos mercaderes interesados en el dinero que no lo vacunaron contra la Parvovirosis, así como no lo hacen con los miles y miles de animales que comercian a diario. Lukas vivió para darme felicidad y para traer esperanza a mi vida.

Algunos tildarán de loco y exagerado este relato. No me interesa. Creo que les hace falta algo de esperanza.

Felipe La Serna.

martes, 12 de febrero de 2013

Y el Grammy va para...

Hace unos días me embarqué en una aventura que nunca, en mis más de 15 años de músico había hecho: ver la ceremonia de entrega de los premios Grammy anglo. Y para explicar lo que sentí debo primero ilustrar el origen del artículo que están por leer.

En la naturaleza de todo ser humano hay un rasgo que no podemos reprimir y que por el contrario consentimos como a "hijo bobo": la crítica. El problema es que cuando usted es músico este gen incubado por 9 meses y mimado de por vida, se apodera de su malla neurológica y le potencia esta habilidad al mil por ciento. Pero claro, no quiero dar a entender que esta peculiaridad es mala del todo, pues es apenas normal que aquel ser humano que posea una inclinación por el arte sea hipercrítico dado que su oficio se basa en este malquerido atributo. Por esta razón, cuando el reproche y el conocimiento profundo de lo que se hace unen sus fuerzas en una sinergia tanto mental como pasional, expuesta ésta a un catalizador sombrío como una velada para premiar la mediocridad, no queda más remedio que darle paso a una explosión de reprobación, un poco propia, un poco provocada.

La industria musical, disgregada a través de los sellos discográficos, emisoras de radio, canales de televisión, magazines, tiendas de música, portales de internet, redes sociales, publicidad y demás, es un monstruo con tentáculos tan largos como los de cualquier gobierno imperialista, abarcando entre ellos el mercado íntegro de lo que muy tristemente pensamos es lo mejor de la producción discográfica. Debemos entender que a pesar de que la música es el arte sublime por excelencia también es una profesión, y como es lógico, cualquier profesional quiere, necesita y merece ser recompensado y reconocido por su labor a través, por ejemplo, de un salario. Esta circunstancia convirtió a un arte tan viejo como el mundo mismo en una empresa y luego en una industria, lo que desembocó en un negocio multimillonario, trayendo consigo todas las delicadezas implícitas de un imperio que sumergió al mundo en el que reina en una matrix de la cual muy pocos quieren salir, pues es más fácil vivir regidos por la "ley del menor esfuerzo" que descubrir una realidad incómoda y, a veces, dolorosa.

El mundo onírico en el que nos encarcelaron los gerifaltes de la música está regido por las ansias pérfidas de obtener el mayor beneficio económico al menor costo, por lo cual se hermanaron con la mediocridad y el consumismo para crear fórmulas que funcionarían a la perfección pues provienen de las mismas entrañas de su creación y, nosotros, sus habitantes, las aceptaríamos ciegamente al saberlas familiares. Es así que prevalecen los géneros populares, porque no son más que obras creadas para ser fácilmente escuchadas y entendidas, sin tener la necesidad de analizar ni sus letras ni sus estructuras musicales. Cada uno de estos géneros da cabida a varios exponentes, la mayoría, creados, moldeados y programados por las mismas compañías para que sigan exactamente y al pie de la letra lo que las "fórmulas" dictan: canciones de 3 minutos a lo sumo pues las emisoras radiales y televisivas deben tocar tantas tonadillas como sea posible para recuperar y mantener el presupuesto; pasar de una figura inocente a un ser lleno de sensualidad y hambriento de sexo; letras enfocadas en el amor libertino y cosas fatuas sin sentido; peinados y vestidos que crearán una nueva moda mundial; versos cortos y de fácil recordación; coros "pegajosos" que se repiten una y mil veces; estructuras musicales simples (como la estructura binaria simple: verso - coro - verso - coro...) tan habituales en la música de hoy; exposición exagerada en los medios... Todo lo anterior soportado en una estrafalaria invasión mediática que da validez a tanto esfuerzo. ¿El resultado?, un ejército masivo de consumidores enajenados por la bien planeada estrategia que les lleva a comprar o bajar los álbumes; buscar y ver los videos en YouTube hasta saciarse; husmear información frenéticamente en los portales de chismes y buscadores; unirse a las páginas oficiales en internet, Facebook, Twitter y cuanto portal exista; asistir a los conciertos ofrecidos; tatuarse los nombres de sus cantantes favoritos en partes insospechadas; crear pancartas suplicando la entrega de alguna prenda, accesorio y si es posible su propia mano en casamiento, aunque si no resulta, bien estaría un "escupitazo", según Chávez; ser la/el próxima/o "fans" en el club respectivo y demás actos de cariño hacia la estrella naciente.

El día de la ignominiosa velada escuché en las horas de la mañana una entrevista al cantante colombiano Fonseca a través de Caracol Radio. El periodista con gran alegría y orgullo comenzó la sarta de preguntas perpetrando lo que a mi parecer es una blasfemia. "Maestro Fonseca, que alegría poder hablar con usted en este día tan especial..." ¿Maestro(!)? ¿En serio mijo? ¿¿¡Maestro!??. Según el diccionario, maestro es una "persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia" (DRAE). Y como dirían en la calle, "me disculpan" pero lejos está el querido Juan Fernando... Fonseca de alcanzar semejante título. Infortunadamente el término se ha vuelto tan popular como el de doctor, que claro, no se le niega a nadie. El horror se extendería hasta las horas de la noche cuando por fin el show comenzó. La primera perla la escuché de boca del presentador: "Con ustedes una de las mejores artistas que ha existido: ¡Rihanna!". Una patada en las gónadas dolería menos... Sin embargo las injurias continuaron. La famosa Beyoncé y otra, al unísono profirieron lo siguiente: "Señoras y señores, por favor pónganse de pié para recibir al más grande cantante del momento: ¡Justin Timberlake!" Y bueno... ya eso era suficiente para mí... No lo pude resistir más y me fui a dormir.

Sé que muchos estarán pensando: "Ay, pero a mí me gusta como cantan..." y me parece normal, porque eso es lo que nos han enseñado a creer y es lo que nos han metido por los ojos y oídos, sin embargo, le hago esta pregunta: ¿qué ha aprendido usted por medio de la música que escucha? Hablo de historia, de vocabulario, de estructuras gramaticales y musicales, de nuevas conexiones neuronales por la complejidad de algunas piezas, de la refinación propia del ser.
Alejandro Magno, el gran rey de Macedonia. ¿Sabía usted que murió de fiebre en Babilonia? ¿Sabía usted que conquistó Persia? ¿Sabía usted que él abrió la puerta al cristianismo en Europa? Yo sí, y la verdad no lo aprendí en el colegio o la universidad. Esto me lo enseñó una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos: Iron Maiden, en su canción "Alexander The Great", información histórica que es fácilmente comprobable. Podría nombrar miles de ejemplos como este, pero se tornaría un poco pretencioso y soso.

Sé que es imposible poner de acuerdo a todos con respecto a este tema, no pretendo eso. Como músico valoro cada elemento original que los diferentes géneros musicales aportan, reconozco la calidad de los buenos artistas en cada apartado así como las producciones impecables sin importar la clase o índole. La música como los seres humanos es diversa y debe ser así porque es un lenguaje universal, sublime, apasionante. Hay pasiones, sentimientos, ideas, que sólo pueden levantarse en nuestra mente por medio de un determinado estilo o matiz; con dinámicas insospechadas que brindan las diferentes categorías.

Yo quisiera que todos aprendiéramos a ver más allá de lo que se nos presenta como real y verdadero; quisiera que pudiéramos dejar de ser conformistas y aventurarnos a un mundo totalmente desconocido que no nos han mostrado, un mundo lleno de sonidos novicios, acordes enmarañados y cadencias forasteras; quisiera que dejáramos de resignarnos a consumir lo poco y de mala calidad que nos dan disfrazado de lo mejor y único.
Yo quisiera que pudiéramos darle crédito a los verdaderos maestros: Toño Arnedo, Justo Almario, William Maestre... Tosin Abasi, Scale The Summit, Steve Vai... Joaquín Rodrigo, Verdi, Bach...

Quizá sea un sueño que no veré cumplirse, por eso, mientras tanto, me iré a dormir para soñar que por fin los premios se los llevan los que realmente los merecen y no los que más discos compactos venden o los ahijados de los caciques que organizan la entrega de los gramófonos, que por cierto, son los mismos propietarios de los sellos discográficos más grandes y poderosos del mundo.

Felipe La Serna.

lunes, 4 de febrero de 2013

Medios de Incomunicación

En medio de un viejo salón de clase, con algunas tablas desvencijadas y una gran avidez por conocer el intringulis que se teje en el oficio de recolectar, sintetizar y publicar informaciones, se originaba una tertulia moderada por mi profesor de Producción de Radio, Ernesto Rojas Ochoa, uno de los más grandes locutores y periodistas de este país, que apuntaba a establecer la responsabilidad de los medios de comunicación en la sociedad. Él, con su voz extraordinaria y llena de sabiduría, vehementemente repetía: "los medios de comunicación tienen la obligación de informar, educar y entretener". Semejante golpe de conocimiento dejó tambaleantes a unos, impasibles a otros y sumidos en el desconcierto a quienes hasta ahora "se desayunaban". Hoy, cuando en una búsqueda desesperada de una fuente de información seria, creíble, confiable e imparcial tengo que remitirme a medios internacionales, no puedo evitar sentirme avergonzado ante la evidente decadencia del "cuarto poder" en esta pintoresca nación.

Enciendo la radio. Busco en el dial. Siento la necesidad de sintonizar primero aquellas emisoras que se ganaron el reconocimiento, no sólo nacional sino internacional, en décadas pasadas. No puedo evitar pensar en mi mamá una vez más, pues después de un rato de escuchar atentamente, "me indigno" (!). Desde mi interior nace un grito que se vuelve clamor: ¡imparcialidad!, ¿donde estás?. En este viaje por el mar de frecuencias, las olas de la arbitrariedad amenazan con hundir mi joven barco. A babor, de una manera tosca y sinvergüenza se agrupa la armada de aquellas emisoras y sus periodistas que defienden al gobierno y su Presidente. Sus armas van desde la crítica mordaz a aquellos que no comparten las tesis estatales, hasta los ataques de cañón con balas de burla y desprecio hacia otros. Parece no importarles jugar osadamente a ser los mandaderos de los empresarios y gremios que necesitan buena publicidad desesperadamente. ¡Y que decir del Presidente!, el Capitán de esta flota que al sentirse acorralado por infortunios, acude a sus contramaestres para que le den "una ayudadita" en las encuestas de popularidad, seguramente preparando el terreno para un segundo mandato como jefe y guía, evitando así que su navío zozobre. A estribor, con similar desparpajo, similares armas y lenguaje, se ciernen sobre mí las radio-estaciones que disparan en contra del gobierno de turno, la mayoría de veces sin argumentos sólidos, tan sólo movidos por los vientos de otro grupo de compañías y políticos poderosos que esconden intereses mucho más altos de los que podemos ver en la punta de aquel iceberg.

¡Huy! Ya estoy mareado... Mejor vayamos a tierra firme, en donde las cosas no son muy diferentes.

La música, el arte sublime, el "arte de las musas". Quizás allí esté la salida. 
Con una mirada llena de esperanza vuelvo mis ojos al dial. Hago un recorrido frenético en búsqueda de independencia, inquiriendo algún contenido que valga la pena... Esta vez no me indigno... Después de andar un rato por este valle seco, grosero, cínico, insulso, sólo me quedan fuerzas para pensar que aún hay mucho por hacer.
Hoy, la gran mayoría de emisoras musicales ofrecen a sus oyentes un bebistrajo de maltrato, grosería, superficialidad, promiscuidad e ignorancia, endulzado con canciones que se repiten una y otra vez gracias al dinero pagado por los sellos discográficos para su promoción, sazonado con un poco de anestésico publicitario que lleva al cerebro a una narcosis involuntaria consiguiendo el objetivo mayor: vender. Y no sólo discos y productos, pero también ideologías: consumismo, status quo, política, machismo, feminismo... Pero lo más irritante de todo es que los oyentes incautos lo beben sin siquiera darse cuenta de la pócima venenosa que ingieren. O tal vez lo sepan pero igual no les importa.

Pero entonces que nos queda, ¿la televisión?. ¿Ese medio que en Colombia se ha convertido en vitrina de narconovelas, realities, "culebrones" y noticieros amarillistas? ¿Ese medio en el que los noticieros anuncian masacres, violaciones, asesinatos y corrupción en 30 minutos pero gastan 50 en la sección de "embrutecimiento"? ¿Ese medio educacional por excelencia que hoy sólo enseña a ensalzar las personas y los hechos más bochornosos de la historia de este país? ¿Ese medio en el que los canales programan uno o dos espacios de opinión entre las 12 de la noche y la 1 de la mañana?. No me queda otro remedio que acudir a la sabiduría popular, porque es tal su exactitud que en una frase se condensan miles de ideas: "Todo tiempo pasado fue mejor". Recuerdo a la "Dama de la televisión", doña Gloria Valencia de Castaño y su programa Naturalia... ¡Ah! Cuanto aprendí... El Profesor Yarumo me enseñó tantas cosas simples que hoy son desconocidas por los niños y adolescentes autómatas que creen conocer todas las respuestas, claro que con ayuda de "San Google" y sus BB, SIII o IPhone 5. Nunca se borrará de mi mente la canción de un programa que educaba a los niños de mi época: "En los libros hallarás, el tesoro del saber...". Y hoy, algunos se molestan porque los franceses nos dibujan la verdad en la cara... No sabemos leer ni comprender lo que leemos.

Y para que hablar de periódicos, revistas y pasquines; todos trabajando unidos para desinformar y complacer al gobierno de turno, a los empresarios de turno, al dueño de turno... Nada es muy diferente.

En medio de un panorama tan desolador, es imposible no sentir que todo está perdido. Aquellos que hasta ahora iniciamos este camino sinuoso en los medios sentimos el peso de una responsabilidad inmensa. Los gobernantes de estas tierras latinoamericanas no tienen ningún interés en promover la educación, pues requieren de mano de obra barata para seguir enriqueciendo las arcas de un país, seguido por el robo continuado de sus secuaces en el poder.
Es por esto que somos aquellos que tenemos el enorme privilegio de aprender y ejercer esta ciencia apasionante de informar, comunicar y entretener quienes acarreamos sobre nuestros... cerebros, la gigantesca responsabilidad de ser aquella generación que cambiará la historia, venida a menos, de los medios en nuestro país. De nada sirve poner (¡sí! ¡la palabra poner existe y se usa!) en evidencia estas grandes falencias, si no formamos en nosotros un espíritu de urgencia al conocer estas cosas. No es sólo un problema ético y filosófico, es cuestión de pasión, pasión por lo que se hace pues cuando ella está presente todo se realiza bien. Pero no podemos abstraernos de la sociedad. La sociedad también tiene una responsabilidad colosal, pues no basta con levantar la voz y exaltar a unos pocos profesionales tratando de brillar en la oscuridad, sino que debe haber un convencimiento personal en el que la educación sea fundamental, ya que ésta abrirá la mente para analizar los hechos con un criterio formado evitando las opiniones y conclusiones someras y carentes de sustento.

Mi esperanza es que todos los que estuvimos en ese salón de clase, todos los que tienen la oportunidad de obtener las maravillas del conocimiento, todos los que queremos un cambio en la sociedad recordemos las palabras del profe Ernesto. Los medios que hoy nos incomunican tienen la obligación de informarnos, comunicarnos y entretenernos de la manera debida, seria, concienzuda y responsable que nos deben.

Felipe La Serna.